Esos pequeños detonantes ante los que no siempre actuamos

Veía a Nic muy preocupada, al tener sólo una renovación del contrato temporal por un mes más y no tener noticia hasta el día en que vence. Ella había intentado sacar información de su jefe, pero si bien había buenas probabilidades nada es seguro. El mes anterior también se había preocupado bastante, de hecho más que este último, le duró la preocupación 4 o 5 días, ahora la veía más angustiada. La veía comer y hablar menos, incluso no desayunó ni cenó siempre en estos 3 últimos días.

Fue hace un un par de noches, cuando después de ver un capítulo de House, se rehusaba a tomar la medicación, justo antes de ir a dormir. -No quiero- me decía, eran momentos cruciales, estaba pasando por un detonante y si no tomaba la medicación (aunque fuera una sola toma) era muy probable que viniera una crisis, quizá leve, pero no deja de ser peligrosa. Le insistí tres o cuatro veces, tenía que hacerle entender lo importante de la toma. Y no era un – ¡Tómatela! – ¡Que te la tomes!, va más allá, lo he aprendido. Comencé por decirle que lo hiciera por mi, después le hice ver que pasaba por momentos de tensión y demasiada preocupación y que no nos podíamos permitir olvidarla, que no le costaba nada realmente. Al final accedió y pude dormir tranquilo.

Lo importante aquí es saber identificar cuando estar alerta, de manera normal no suelo preocuparme o fijarme tanto si toma la medicación o no, ella ya lo sabe, pero ante situaciones extraordinarias como esta, es conveniente asegurarse de que lo haga. No obligarla sino hacerle ver las causas y las consecuencias de los actos.

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