Nuestra Boda

Decirlo a la familia

Decidimos fijar la fecha de nuestra boda para el mes de Noviembre, un año y medio después de haber comenzado nuestro noviazgo y de igual manera un año y medio después de haber comenzado a vivir juntos.

Cabe señalar que ambos fuimos un poco cobardes en cuanto a decirles a nuestros padres que vivíamos juntos en un principio.

Esto de haber comenzado a vivir juntos al mes de conocernos fue un poco precipitado y consideramos que decírselo a nuestros padres podría suponerles un fuerte enojo, por lo que decidimos posponer la noticia un par de meses hasta ver cómo iban resultando las cosas.

Poco a poco fuimos dándole la noticia a nuestros padres de que vivíamos juntos, hasta llegar a mi tan temido padre. A mi papá se lo dijimos pasados 6 meses, pero a él le dijimos que recién habíamos comenzado a vivir juntos, así es que durante un tiempo mi padre tuvo un rezago de tiempo de 6 meses en la relación, por así decirlo.

Todos los demás familiares si que supieron la verdad de nuestra vida juntos. Pero como todas las mentiras caen por tu propio peso, y mi padre se enteró de la verdad, pero para mi fortuna se enteró hace poco tiempo y aunque se molestó un poco, lo único que puse decirle fue “ya no puedes reclamarme porque ya me casé con él”.

Podemos decir con gusto que ambas familias recibieron con alegría la noticia de nuestro compromiso. Inicialmente teníamos en mente hacer una boda sencilla. Queríamos casarnos en el registro civil y hacer una comida en algún restaurante con pocos familiares y amigos.

La idea fue rechazada inmediatamente por ambas familias, ya que Adrián es el hijo mayor de su familia y yo soy la única hija de la mía y no querían que la boda pasara de manera tan desapercibida. Así pues comenzó la organización de nuestra boda.

Como siempre que alguien dice algo en voz alta, todo mundo tiene algo que opinar, y en tema de bodas no es la excepción. Si se busca hacer una boda para que todo el mundo quede a gusto ya se puede quedar uno en la utopía porque tal boda no existe.

Nuestra boda
Nuestra boda

¿Y el novio?

Con tal idea en mente comenzamos a planear la nuestra. Queríamos una boda que fuera tan solo a nuestro gusto, sólo nos interesaba estar felices nosotros, disfrutarla nosotros al máximo y que fuera inolvidable para nosotros, iba a ser “nuestro día”.

Por desgracia en los preparativos de la boda tuve la oportunidad de charlar con algunas recientes novias. Y digo desgracia porque en vez de contagiar felicidad a la futura novia no suelen contagiar más que nervios y desgracias.

Entre las muchas quejas que recibí fue de la constante despreocupación de los novios hacia los preparativos de la boda. Las novias siempre describían a los novios como “indiferentes” a lo que sucedía a su alrededor, parecía como si sus novias simplemente fueran a planear en la agenda del móvil el día y la hora en la que debían presentarse en la ceremonia para casarse.

Todo el mundo de los preparativos de la boda pertenecía a las novias, a las madres y a las suegras. El hecho me sorprendía bastante porque mi caso se alejaba bastante de lo convencional.

En mi caso la boda estaba siendo planeada de punta a pie por mi novio y yo, mis padres y sus padres participaron en lo más indispensable de los preparativos. Ambos planeamos desde el banquete, los regalos, los arreglos de las mesas, la música, pastel, mi peinado, él eligió como me quería ver peinada y maquillada ese día, era importante, lo único que decidí que no viera hasta ese día fue el vestido de novia, mera tradición.

Decidimos casarnos tan sólo por lo civil. No somos religiosos y nuestros padres sólo insistieron poco con lo de la iglesia, sabían que no iban a conseguir mucho.

A pesar de todo, me casé de vestido largo y blanco y mi padre me entregó en el altar, del salón de eventos, pero un altar. La boda que de inicio iba a ser pequeña terminó siendo de 200 invitados, ¡¡todo un bodorrio!!!

Nic

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