Nuestra Historia. La luna de miel

MEL. Agencias de Viajes
MEL. Agencias de Viajes

Mientras estuvimos planeando la boda estuvimos muy ocupados en nuestros respectivos trabajos. Entre lospreparativos de la boda y el trabajo nos quedó muy poco tiempo para pensar en otras cosas, entre ellas la luna de miel.

Un día me llegó al correo del trabajo una promoción de un paquete todo incluido de boleto de avión, hotel y comidas de un viaje a Cancún que prometía estar a la altura de nuestras expectativas y de nuestro ajustado presupuesto. Inmediatamente me metí a Internet a ver las fotos de citado hotel y las imágenes que vi eran por demás agradables: playas privadas, piscinas hermosas y varios restaurantes que componían el paquete. Me encantó la idea. Se lo comenté a Adrián pero como estaba ocupado con el trabajo me dijo que decidiera yo, y ya que el tiempo apremiaba a las pocas horas ya estaba llamando para pagar. Ya teníamos nuestra luna de miel resuelta!

Al día siguiente de nuestra boda salimos rumbo a Cancún a nuestra luna de miel. Desde el aeropuerto nos estaba esperando un transporte que nos llevaría al hotel.

En Cancún la mayoría de los hoteles se encuentran en la llamada “zona hotelera”, la cual es, como su nombre lo indica, una zona compuesta por la mayoría de los hoteles más populares de la península. Estando en el transporte que nos llevaría al hotel se nos empezó a hacer raro que cruzáramos por toda la zona hotelera sin pararnos en ella. Nos alejamos cada vez más y más hasta llegar a un enorme hotel apartado del todo. Al llegar al hotel nos registramos y nos atendió una chica que nos indicaron que hablaba español, cosa extraña siendo que nos encontrábamos en México. La chica nos explicó que el hotel consistía en varios restaurantes, salones de juegos, playa y varias piscinas, pero una en especial, la piscina central. En eso nos preguntó que si éramos de mente abierta, la pregunta nos tomó un poco desprevenidos pero nos apresuramos a responder que “por supuesto que si” La chica nos explicó que “lo que pasaba en la piscina central, se quedaba en la piscina central”.

Nos llevaron a nuestra habitación, muy hermosa por cierto y al dejarnos en ella mi primer impulso fue buscar el interruptor de la luz; cual fue mi sorpresa que no lo encontré! Busqué en el techo de la habitación y no había el típico foco que alumbra la habitación en su conjunto. Así es que me dirijí al lateral de la cama y cual fue nuestra sorpresa que al encenderlo, tanto el cabecero de la cama como el contorno de la misma se iluminaron de un tono rojo intenso, dejando ver en el cabecero de la cama el logotipo del hotel que era un manzana, la manzana de Adán y Eva, el pecado original…Del lado derecho había un espejo que cubría la totalidad de la pared. Lo cierto es que lejos de verse como hotel de paso, la decoración de la habitación era por demás bonita, hasta las luces rojas de la cama se veían bien! No era un hotel barato.

Decidimos irnos a uno de los bares del hotel y de camino nos cruzamos con algunos huéspedes, en su mayoría europeos de más de 50 años. Al llegar al bar conversamos con el bar tender y al ver nuestra cara de asombro nos pregunto “es que no saben en dónde se han hospedado?” Al ver que no teníamos ni puñetera idea nos lo explicó. Nos hizo darnos cuenta que en el hotel no había ni un sólo niño, era un hotel para adultos, es por eso que se encontraba tan alejado de la zona hotelera. En el hotel se permitía el topless y en la zona de plaza había camas con cortinas de tela blanca y sofás para recostarse. Lo que no se permitía era tener sexo en zonas públicas. En la piscina principal se hacían actividades siempre muy respetuosos si no querías participar en ellas. Finalmente después del impacto inicial nos encantó el hotel y la comida deliciosa. Nos la pasamos tan bien que nos quedaron ganas de regresar en cuanto nos sea posible.

Después de 4 días en Cancún regresamos a casa. Durante esos días habíamos apagado los teléfonos móviles y no habíamos querido tener contacto con nadie, finalmente habíamos pedido una semana entera de vacaciones y aún nos quedaban algunos días antes de volver al trabajo. Como regresamos a casa por la mañana desempacamos y vimos a dónde nos podíamos ir. Se nos ocurrió irnos a Huatulco, así es que volví a armar las maletas mientras Adrián compraba los boletos de autobús y a las pocas horas ya estábamos de nuevo yéndonos de viaje.

Hicimos una parada en el viaje en casa de mi suegra para tomar prestado uno de los coches y nos fuimos ya manejando a la playa.

Como no teníamos reserva llegamos al primer hotel que nos topamos y pasamos ahí la noche. El hotel distaba mucho de lo que habíamos estado disfrutando en Cancún, aquí no había neones rojos, ni espejos, aquí mas bien era una habitación sencilla, debería decir… demasiado sencilla. Al recibirnos nos dieron en la recepción un par de toallas y un rollo de papel de baño. Cuando llegamos a la habitación sí había un foco central, el único en toda la habitación, no había aire acondicionado, pero había un ventilador de aspas en el techo que chirriaba al girar y en el baño, por alguna razón no había cortina en la regadera ni asiento en el retrete!!!!

Decidimos pasar sólo una noche en tan singular hotel y decidimos cambiar a otro que Adrián conocía porque se solía hospedar ahí con sus padres cuando era niño. Este hotel en cuestión era estilo colonial muy bonito y con todos los servicios.

Fuimos a pasear y a comer en las playas, nos dedicamos a seguir descansando y disfrutamos de los paisajes hasta que llegó el día de volver a casa y al trabajo.

Puedo decir que me encantó mi luna de miel, no le cambiaría absolutamente nada, ni el hotel sin asiento en el retrete. Estuvo llena de muchas sorpresas y muchas muchas risas. También hubo lágrimas, el TAB presente en todo momento, una noche no pude parar de llorar y Adrián sólo pudo abrazarme y prender la tele mientras se me pasaba. Pero fue un viaje inolvidable que me recuerda que lo que importa es la persona con quien lo vivas y no el viaje que hagas lo que hace que la luna sea realmente de miel.

Nic

Fuente Viñeta: El Chiste de Mel

1 opinión en “Nuestra Historia. La luna de miel”

  1. Hola, pues les felicito y agradezco enormemente porque el compartir su historia me ha ayudado a quitar miedos y sobretodo a tener esperanza de llevar una relación con tanto amor y solidaridad, Por cierto soy mexicana y que bueno que les encanto mi país. Mi futuro marido fue diagnosticado con trastorno bipolar desde los 15 años y además tiene un tipo de neuropatia degenerativa, así que sabrán que es bastante complicado a veces su situación emocional, si embargo es un ser maravilloso con el cual quiero compartir mi vida. Un abrazo
    Martha

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