Manual del Cuidador – 1.4 Reintegración

La Reintegración a la vida cotidiana

Cuando cuidamos de alguien nos sumergimos en un mundo que gira en gran parte en el paciente, en el enfermo. Nuestra vida, personalidad, amigos, hábitos han quedado fuera de ese círculo.

Servir, cuidar, proteger a nuestro ser querido que está enfermo nos da una sensación de valía, un sentimiento de utilidad, da un nuevo sentido a nuestra vida y/o llenan un vacío. Nuestras metas cambian, la manera de ver la vida, las prioridades son otras y dejamos de ver gran parte de nosotros mismos.

Precisamente por eso tenemos que aprender a hacer esa transición, desprendernos de parte de la responsabilidad de evitar una recaída.

Ahora la mayor responsabilidad recae en nuestra pareja, que se encuentra estable, toma su medicación, va al psiquiatra, sigue una rutina, unos hábitos saludables que le permiten estar en eutimia.

Hay que verlo como si un día te quitan un gran peso de encima, tus prioridades son otras, tienes tiempo para hacer las actividades que te gustan, y sólo permaneces vigilante de que no se desvíen las cosas de su curso.

Cómo recuperar nuestra vida, nuestra rutina

Cada persona hará esta transición a su manera, éstos son solo consejos, a unos les costará más a otros menos.

Encuentra el momento para hablar de lo sucedido

Hay ocasiones en las que tendremos un piedra en el zapato, una astilla, un sentimiento de rencor (por pequeño o grande que sea) que debemos sanar, debemos sacarlo, expresarlo a nuestra pareja.

Herramientas para expresar lo sucedido
Una carta

Escribe una carta a tu pareja diciendo: “Me gustaría decirte que…” y complétalo con lo bueno y lo malo que no has dicho, lo que creas que no ha quedado claro, o no hayas encontrado el momento apropiado para decirlo. Ahora es el momento

Lee lo que acabas de escribir. Enfréntate a tus emociones, no te preocupes si está bien o mal escrito. Lo que importa es que lo has expresado. Después decidirás si la entregas, la guardas o la tiras.

Es el momento de perdonar. Perdonar es poder recordar sin dolor, librarse de una carga muy pesada que sólo nos da mal a nosotros, nos impide ser felices, nos causa dolor.

Lo más importante es que tu decides que hacer con lo que has escrito, puede ser solo para ti si así lo deseas. Perdonar no es algo que el otro tenga que hacer, es una tarea que nos atañe a nosotros mismos.

La representación

Consiste en sentarse frente a un objeto que represente a nuestro ser querido, en un ambiente tranquilo, sin prisas, a solas o acompañado. Y decir algo que nos gusta de esa persona, contar una anécdota interesante incluso graciosa con él o ella.

También puedes añadir algo que no se expresó por timidez o falta de confianza.

Volver a disfrutar de tu tiempo

A todos se nos ha pasado por la cabeza una frase similar a esta: “Si tuviera tiempo, me gustaría …”

Si durante la etapa de cuidador reservaste tiempo o incluiste las actividades que a ti te gustaban esto te será más fácil. Si por tiempo, dinero o cualquier otra excusa no lo hiciste, ahora es el momento.

Todos por pequeña que sea tenemos un interés por un pasatiempo, utilizar ese tiempo de ocio, no para ver televisión, ni consumir contenidos, sino para crear, desarrollar, hacer.

Puede ser desde armar puzzles, pintar un cuadro, crear collares y pulseras, escribir (así empezó este blog). Incluso ir al centro cívico más cercano a mirar las actividades, yoga, danza, baile, idiomas, teatro y seguro que hasta ganchillo.

Siempre estarán las excusas, es muy caro, no tengo dinero, me da vergüenza. Decídete y comienza una nueva aventura, puede ser el principio de un nuevo proyecto que llene ese vacío que ahora tienes.

Dejar de ser cuidador

Una forma de evitar la dependencia del paciente al cuidador es no hacer nada que él puede hacer por si mismo. Permitir que el paciente sea autónomo en toda su extensión.

Permitir que nuestra pareja recuerde las tomas, lleve el calendario de las citas con el psiquiatra, lo que le va decir, su diario, etc. El que el cuidador haga esa tarea imposibilita al paciente de ser responsable de su enfermedad.

No confundas sufrimiento con amor, ni superar el dolor con olvido
Saldar cuentas

No te vale ahora con frases como “Con todo lo que yo he hecho por tí…”, “Yo que he dejado todo por estar contigo, por cuidarte…”. De nada sirve quedar anclados a reproches, quejas y exigencias.

Lo que hemos hecho con esa persona nada podrá pagarlo, ni todo el dinero, ni todo el tiempo, ni todos los regalos. El paciente no puede volverse ahora esclavo nuestro y pagarnos de la misma manera lo que hemos hecho con él.

Evitemos la sobreprotección

Durante la enfermedad, el episodio nos hemos vuelto muy serviles, entregados. Pero ha llegado el momento de cambiar ese rol. Dejar de permitir exigencias, peticiones despóticas, faltas de respeto, responsabilidades que NO nos corresponden.

Debemos mantener nuestra dignidad

Una vez terminado el episodio, cuando esa persona se vuelve funcional, puede que se siga aferrando a hábitos y conductas que antes hacíamos de forma automática, sin pensar. Pero esos roles se han terminado. Hay que recuperar la vida después de la enfermedad.

El afectado por el Trastorno Bipolar  demandará que hagamos cosas por él y nosotros con paciencia, calma y tranquilidad, debemos enseñarle que eso se ha terminado. Que está sano y puede hacerlo por si mismo. No debes sentirte mal por decirlo.

No permitir chantajes, es romper las cadenas de la dependencia.

Manual del Cuidador de una persona con Trastorno Bipolar